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La Semana Santa está cargada de iconos y símbolos,  hay algunos que son más representativos que otros, en este post hablaremos del capirote del nazareno, que proviene de la coroza (gorro de papel)  del San Benito (Saco Bendito de color amarillo que a modo de escapulario les cubría el pecho) que portaban los condenados de la Inquisición Española, hoy permite mantener erguido el antifaz o capucha de tela que lo cubre.

Es importante,  tener presente a lo largo de la lectura, que  varía el nombre o la forma de colocarlo en función de la región, o incluso, la localidad de la que hablemos, es muy variado e indicador de la tradición de la Semana Santa a lo largo de los siglos de la zona.

 

 

 Capirote para muchos, en Jaén se le denomina capirucho y en Torredonjimeno caperuz. Además, en Murcia se le llama capuz y no termina en punta como el tradicional capirote sino que lo hace de forma roma, denominada coloquialmente como forma de haba. La tipología es variada: capuz de habichuela, capirote caído, tercerol, etc.

No siempre ha estado permitido el capirote que hoy conocemos, Carlos III por motivos de seguridad, impuso la norma de que todos los penitentes desfilaran sin tapar el rostro, hasta finales del S XIX no se permitió que se volviera a procesionar con capirotes y antifaces que cubrieran por completo el rostro; hoy hay hermandades como la del Cristo Nazareno Cautivo en Toledo que mantienen la tradición impuesta por Carlos III.

Su origen data de finales del S. XV, la Inquisición Española y Portuguesa obligaba a los hombres y mujeres que juzgaba a portar el capirote junto al San Benito, era una penitencia y se complementaba con una tela que les cubriera la cara y el pecho (la penitencia era anónima), el San Benito llevaba dibujos alusivos al delito, el fin último era igualar al penitente porque el capirote impedía determinar la altura de la persona que lo portaba.

El carácter penitencial que tenía el capirote influyó en que las hermandades de Sevilla adoptarán el capirote en el S. XVII, la primera hermandad que incorporó el capirote con forma puntiaguda como lo conocemos hoy fue la  hermandad de San Juan de Letrán y Nuestra Señora de la Hiniesta, con el tiempo la costumbre se extendió por toda la Península Ibérica y saltó a América, pues la forma cónica simboliza el deseo religioso de acercarse al cielo y la tela que cubre cara y pecho, el capuz, sirve para dar anonimato y preservar la identidad del penitente. Los colores vienen dados por las hermandades y suelen tener un simbolismo relacionado con la sangre y pasión de Cristo (rojo), el luto (negro) o la pureza (blanco).

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